Pues ya están guardados pinceles, aceites, lienzos y cuadros inacabados.
Cuando abandoné mi fijación por aporrear instrumentos musicales lo sentí como una liberación, sin embargo con la pintura no ha sido exactamente igual. Supongo que porque mucho o poco, algo me ha reportado económicamente y porque, por qué no decirlo, durante algún tiempo pareció que como medio de vida podía funcionar.
Pero ya no lo veo así.
He experimentado muchas cosas durante estos años, casi todas asociadas a una idea de confort que me obsesiona desde pequeño: Tener mi propia sala de proyección, otra para escuchar música, mi pequeño taller… agarrar los fines de semana las dos ruedas temprano y salir a pintar, o simplemente a hacer turismo… (me avergüenza no conocer prácticamente nada de la provincia donde vivo).
Lograr una estabilidad económica con la que poder mantener esos pequeños placeres se ha vuelto algo prioritario.
No son grandes objetivos… pero a estas alturas y por motivos diversos, no creo que la pintura me los pueda seguir brindando.
Por eso ahora más que nunca necesito que mis pamplinas sean un disfrute y no una actividad con la que poder ganarme ganarme la vida. Porque además y visto en perspectiva, jamás he buscado con determinación que fuese de otra manera.
Pienso que la vida misma ya se encarga de limitarte o de impedirte que puedas hacer multitud de cosas. Con la consiguiente frustración que ello conlleva. Entonces ¿Cómo sobrellevar que en algo que es para mi tan personal como mi propia forma de expresarme mandase un cliente, un encargo, una fecha de entrega o una cantidad de dinero?
